Comisiones Obreras de Canarias

Comisiones Obreras de Canarias
Es el momento

jueves 13 de septiembre de 2018

El Norte recuerda

Autor: Ángel Gabriel Mayor Santana, estudiante universitario en prácticas en Comisiones Obreras.

Sardina del Norte

Sardina del Norte

Este mítico suceso da comienzo a raíz de los antecedentes acaecidos alrededor de  Junio de 1968 en Canarias, cuando la fraudulenta empresa SATRA, dedicada al asfaltado de carreteras, desfalca el salario de sus empleados, dejando a 53 familias sin ningún tipo de sustento salarial por cuatro meses. Indignados ante este conturbador hecho, reunieron fuerzas de entre su flaqueza para organizar una comisiva de cinco obreros, destinada a luchar por su inalienable derecho a una vida digna.

Varios fueron sus intentos por dar voz a sus quejas, pero estos fueron frustrados por varias organizaciones oficiales de la época. Primero en la Magistratura de Trabajo, luego en el Gobierno Civil y por último en el Sindicato Vertical. Desesperados, deciden ponerse en contacto con el Partido Comunista de España en Canarias, junto a los sindicalistas canarios para luchar por la solución al problema alimenticio tan grave que resultaba primordial, debido a su largo tiempo sin recibir sueldo alguno, así como la lucha por el derecho al agua para las tierras agrícolas regentadas por las mujeres de la zona. Con esfuerzo, se recaudó una cantidad de dinero necesario para alimentar a las cincuenta y tres familias, las cuales festejaron con jolgorio los frutos de su lucha.
15 de Septiembre de 1968, día del suceso.

Las familias de los trabajadores, así como algunos militantes políticos del PCE y sindicalistas deciden realizar una segunda asamblea en la pequeña Cala de Martorell situada en la Playa de Sardina, al norte de Canarias. En ésta se decide realizar un pacto escrito donde se planeaba realizar una manifestación que tendría como punto inicial el parque de San Telmo, hasta el Gobierno Civil de la época. Comida, agradables charlas y juegos para los niños fueron las distracciones que avivaban los ánimos de las luchadoras familias, que alejaban sus mentes del mal trago pasado. Aunque para su desdicha, la llama de la alegría se extinguiría demasiado pronto.
Comienza el altercado.

Dos números de guardia civil, pertenecientes al Servicio de Información de la misma, hacen acto de presencia con atuendos de paisanos, debido a la reunión que se estaba llevando a cabo, pues ese tipo de actos estaban vetados durante el tiempo de dictadura. Las familias ante esto, enseñaron la comida y a los niños jugando, diciendo que no era otra cosa que una pequeña celebración. Los agentes se marcharon, pero no por mucho tiempo. Pasadas unas horas y después de la comida, una unidad de diez agentes tensa el ambiente y rasga la alegría de los presentes al son de un sonido de bala cruzando el cielo. El agente ordenó acabar con la asamblea, disparando repetidas veces al aire a modo de advertencia. Enseguida la alarma cundió, y por la angustia de lo que ocurría los niños que alegres e inocentes jugaban minutos atrás, ahora lloraban horrorizados ante la espantosa situación que estaban viendo. Mientras todo esto ocurría, en otro punto de la zona, donde se encontraban las guaguas y los coches donde habían venido todos para acudir a la asamblea, estaban siendo precintados por más unidades de la policía. Sin duda, era el comienzo de una injusta tragedia.

Pasaron quince minutos. Las familias, sindicalistas y militantes políticos se encontraban ahora con sus brazos enlazados en símbolo de fraternidad y protesta. Juntos, marchaban desde la Cala de Martorell hasta la Playa de Sardina, increpando a la guardia civil, en un acto por defender libertad y justicia. Llegan a la carretera que conduce de Sardina a Gáldar, donde con desoladora incredulidad se topan con un cordón policial que los arrincona de nuevo en la playa.

De pronto, un Renault de color gris aparece dividiendo las filas de guardias civiles que acorralaban a las familias y sindicalistas, cual caballo de guerra dispuesto a liderar su ejército del caos. De él salió el Subcomandante Ángel Díaz Otero, apodado el Comandante Rebote, vestido de paisano. Quien con un claro grito de odio proclamó que "iba a acabar con los rojos de mierda" arrebatándole la pistola a uno de los oficiales a su cargo. Esto pintó de indignación el semblante de los desprotegidos obreros, familiares y sindicalistas, quienes no podían creer lo que estaba ocurriendo.  —¡¿Pero qué va hacer, mi comandante?!— Preguntó con pavor el oficial al que le había sido arrebatada su arma, a lo que encontró como respuesta una cruda sentencia por parte del subcomandante: —¡Voy a acabar con todos ellos!—, disparando acto seguido contra los manifestantes, protagonizando una escena de horror que ninguno olvidaría jamás. Muchas balas proclamadas al aire, dos heridos de gravedad caídos por rebote. Jesús Redondo Abuín y Lorenzo Felipe Vera sufrieron en sus propias carnes la injusticia que suponía luchar por tus libertades en un régimen como el Franquista. Los gritos exasperados comenzaron a disiparse en el aire, mientras Emilio Díaz Miranda subía a sus hombros a una niña para que no recibiera la fatal desdicha que le podría ocasionar una de esas balas que supuestamente eran únicamente de aviso. Un aviso de odio mortal.

Varios minutos pasaron, y tras muchas súplicas de auxilio los agentes dejaron que los dos heridos de gravedad fueran llevados al hospital de Guía, pues desde el comienzo su intención era la de dejarlos desangrarse en la playa sin remordimiento alguno.
El día bajó su telón tras aquella nefasta escena, dejando pasar al velo de la noche. La Brigada Político-Social había llegado a la playa, reuniéndose con la Guardia Civil para discutir si lo que estaba ocurriendo allí se trataba de un problema civil o militar. Tras mucho deliberar, deciden apresar a los presentes y llevarlos al Gobierno Civil, donde únicamente reciben insultos y agresiones, añadidas a sus mentes ya de por sí afligidas por el suceso. Su siguiente destino ya estaba fijado; La Comandancia de La Guardia Civil en el Barrio de Vegueta, donde veinticinco de las personas que habían acudido a la playa fueron objeto de torturas camufladas bajo la palabra interrogatorio, de entre los cuales dos mujeres fueron "interrogadas" durante cinco días más que los otros.
Una lucha que cruza las fronteras.

Indignados y abatidos, los torturados deciden realizar una huelga de hambre durante tres días en la cárcel de Barranco Seco para manifestar su inquebrantable determinación. Ante esto, el Gobierno Civil les ofrece la posibilidad de tener un abogado militar, pero insatisfechos ante lo que ello supondría; una vaga defensa influenciada por el régimen bajo el que estaban sometidos, decidieron contestar ante la propuesta con once días más de huelga de hambre, ante lo cual finalmente se les ofrecerían dos abogados, aún militares. Tal fue su repercusión, la noticia de estos luchadores obreros y sindicalistas se propagó por todo el continente, originando afiliados a la causa y desembocando en que países como Bélgica, Francia, Londres e incluso la Unión Soviética realizara manifestaciones en sus ciudades para apoyar la noble causa y lucha de los obreros canarios.

Día del juicio.
Finalmente, se celebra el Juicio en el Cuartel de Artillería de la Isleta (Consejo De Guerra Sumarísimo). La situación no era muy esperanzadora. Los sistemas mediáticos bajo la influencia del Régimen habían dejado la imagen de estos obreros como el bando enemigo, acusando falsamente de agresiones a la Guardia Civil y de atentado contra la vida de varios agentes, borrando por completo el tiroteo por parte de los agentes contra las personas en la playa, así como que dos de ellos acabaran en el hospital gravemente heridos. El futuro no parecía ser demasiado luminoso dentro de la sala, lo que se vio reflejado en las sentencias. La primera tenía intención de condenarlos por treinta años. Finalmente la resolución del caso sentenció de uno a once años de condena a los veinte hombres que allí se encontraban, exceptuando a las mujeres.

Muchos fueron los destinos provistos para los injustamente condenados. El primero fue la Cárcel de Cádiz, para luego pasar a la Cárcel Penal de Santa María y Jaén, donde por último dejaron a seis de los veinte detenidos. El grupo se siguió dividiendo; en la prisión de Ocaña destinaron a uno de los obreros. Sus últimos destinos se situaron hacia el norte de la Península, donde pasaron por Carabanchel, Teruel, Segovia y por último Palencia.

Muy dura fue la estancia en las prisiones, donde la mayoría de los que se encontraban allí eran presos políticos pertenecientes a Comisiones Obreras, Partidos Comunistas e incluso anarquistas, así como algunos políticos pertenecientes al Partido Socialistas y militantes de la UGT de Asturias, todo debido al intento de Franco por preservar su poder ante cualquier opositor.  Fue allí, en la cárcel de Carabanchel, donde José del Toro, más conocido como Pepe del Toro, entablaría amistad con Marcelino Camacho, junto a Leopoldo Valido y Antonio Naranjo, quienes permanecieron diecisiete meses apresados luego en Palencia.

Durante este periodo de encarcelamiento, Franco impone el Estado de Excepción en el año 69, lo que conllevó a que se produjera una huelga de hambre en Palencia a modo de manifestación para abolir tal estado, así como para luchar por el estatuto de preso político debido a las precarias condiciones de los políticos y sindicalistas en las cárceles.

Vuelta a casa.
Mucho tiempo transcurrió desde aquel día en Playa Sardina, donde ninguno de los presentes en aquel momento podría haber imaginado la tortura que pasarían en los siguientes años de sus vidas a causa de luchar por sus derechos.
Las condenas fueron expirando, y poco a poco cada uno de los luchadores por la justicia correcta fue volviendo a Canarias. Aquella había sido una historia para contarse y recordar, pero no sería la última, pues aquella había sido sólo la primera de sus reivindicaciones. 

El Norte recuerda

jueves 13 de septiembre de 2018

Áreas temáticas relacionadas

Tu sindicato - Uniones Insulares - La Gomera - Actualidad
Tu sindicato - Uniones Insulares - Gran Canaria - Actualidad
Tu sindicato - Uniones Insulares - El Hierro - Actualidad
Tu sindicato - Uniones Insulares - Lanzarote - Actualidad
Tu sindicato - Uniones Insulares - La Palma - Actualidad
Tu sindicato - Uniones Insulares - Tenerife - Actualidad